miércoles 30 de septiembre de 2009

Memes

Más o menos del mismo modo que es muy probable que respiremos algún átomo de oxígeno que en su día respiró Newton -por poner un ejemplo-, también las palabras de un idioma nos llegan inevitablemente reutilizadas. Cada palabra, desde las más elevadas como "justicia", "arte", "compasión"... hasta las más utilitarias como "mesa", "sol" o "lápiz", arrastra consigo el eco de todas las veces que ha sido interpretada y usada.

De hecho, puede que la única definición que se pueda dar de cada palabra sea el conjunto nebuloso de cosas, situaciones o sentimientos que han sido etiquetados con ella. Las definiciones no son más que una votación, un referéndum global en el que todos los usuarios del lenguaje participan. Las palabras están ahí, inocentemente escritas en su tinta negra, o volátilmente vibrantes en sus fonemas, y entonces cada uno le carga la alforja que le parece que más le encaja. Al final, cada palabra no es más que ese colgador donde se han ido dejando todas esas alforjas, acaban cotizando al alza o a la baja en función de la confianza que los inversores depositen en ellas.

Aún así, como las definiciones actuales se han formado sin preguntarnos y es poco probable que alguien en el pasado interpretase todas las palabras exactamente como las interpretaríamos nosotros, es muy posible que las definiciones vigentes no nos sirvan al 100% , y necesitemos customizarlas, añadir nuestra interpretación, nuestra forma de hacerlas encajar con todo el resto de palabras. Por supuesto, siempre se hace más necesario reformular precisamente las palabras más abstractas, las que no se acompañan de fotografía en la enciclopedia, y siempre son las que más controversias generan. El caso es que consciente o subconscientemente, acabaremos por añadir esa reformulación de las definiciones, nuestra gota al océano del lenguaje que llegará mezclada, impura y borrosa a los diccionarios del futuro, para que otros vuelvan a hacer su propia lectura.

domingo 9 de agosto de 2009

Entrevistado #1

El primer entrevistado era un hombre de unos 40 años, alto y escuálido. Se presentó con el torso desnudo, mostrando un tatuaje en el pecho, a la altura del corazón. Tras examinarlo un instante, me dí cuenta de que era su propio rostro lo que se había hecho tatuar. Me dijo:

- Yo creo que el único sentido claro que tiene la vida es superar tus miedos. Si temes algo, ya sabes lo que has de hacer: has de ir a por ello.

lunes 27 de julio de 2009

Lazarillo de Tormes

Sigo la serie de posts dedicados a los grandes textos que he leído a lo largo de mi vida, y lo hago con un fragmento del Lazarillo de Tormes que me marcó desde el día que lo leí con 14 años. Corresponde a las declaraciones que Lázaro hace sobre las acusaciones de moral indecorosa que caen sobre su esposa:

Señor -le dije-, yo determiné de arrimarme a los buenos. Verdad es que algunos de mis amigos me han dicho algo deso, y aun, por más de tres veces me han certificado que, antes que comigo casase, había parido tres veces, hablando con reverencia de Vuestra Merced, porque esta ella delante.


Me parece un fragmento magnético y concentrado como pocos. Merece la pena reflexionar sobre su significado. Sobre como ese que toda la vida había sido un pícaro, un buscavidas, en su madurez dice "arrimarse a los buenos". Y cuando lo dice, en el fondo, realmente no se está redimiendo, no ha mejorado su moral. No se arrima a los buenos-bondadosos. Se arrima a los buenos-los que valen. Deja de tener su propia moral descuidada y diferenciada de la moral dominante, y pasa a entrar en el juego social de aceptar toda la suciedad tal como es, de no escandalizarse ante las faltas que tienen cabida en el colectivo, el tipo de manchas que son necesarias para que todo ruede y por ello apartan todas las miradas. Por usar un símil moderno, es como si pasase de ladronzuelo de carteras a promotor inmobiliario.

Realmente, es un fragmento que me ha acompañado toda la vida, y por suerte o por desgracia presiento que aún me acompañará muchos años. Cuanta más edad tengo, más entiendo aquello de Alberti de "yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos". Ser adulto, al final, es comprender que no hay referencias reales, no es más que saber navegar en el único océano que hay, la incertidumbre, adaptándose a los vientos que soplen. Es aprender sobre la no-idealidad de las cosas, sobre sus límites difuminados. Es, en el fondo, desaprender.

sábado 25 de julio de 2009

El momento

Años después reflexionaba "Es extraño como llegan a suceder las cosas. No el discurso de complejas historias, sino los instantes. La forma en la que una grulla ajusta ligeramente la postura de su cuello antes de dispararlo contra el agua y capturar un pez. No fue, no pudo ser ni un mínimo instante antes o después. Fue en ese momento cuando la indiferencia general del cosmos se rompió, y se produjo el cambio, fue justo en esa milésima de segundo cuando el cerebro del animal se activó instintivamente, sin artificios ni planificación. Parece un sueño que puedan acontecer eventos tan importantes en tiempos tan absurdamente cortos, tiempos indefinidos y casi inexistentes. Parece como si cupiese un elefante en un cofre."

Todo le había venido al recordar el cuerpo espigado, floreciente y ligeramente arqueado de ella, observando distraída las estanterías de libros en casa de él. En silencio pero sin ninguna premeditación él se le había acercado por detrás, como una brisa, y le rozó su esbelta espalda tan suave que no se puede decir que la tocase. Ella se asustó tan ligeramente que no se puede decir que se asustase, y se dio la vuelta. Entonces y justo entonces, un primer beso, una primera cata de una nueva boca, sentir el sabor cálido del interior de otro, ese sabor esquivo, prohibido y tiernamente esperanzado. Un largo reguero de tímidos jugueteos y miradas nerviosas hasta llegar a ese momento superficialmente inesperado y subterráneamente esperado, como el resultado de un sorteo, que siempre llega con una naturalidad animal.

Música

En Santana, Madeira, durante la feria gastronómica anual, un retrasado rudamente vestido pide limosna entonando desde una esquina canciones populares, básicas, medio inventadas, usando como instrumentos palos, latas y botellas. ¿Podría ser que fueran exactamente así la primeras músicas que habitaron el planeta, y todas las posteriores sólo refinamientos técnicos, sofisticaciones prepotentes de los sentimientos, pero basadas en esos compases primitivos? Quizás ese loco, como muchos locos, tenga algún tipo de conexión con las primeras divinidades que emanaban de la tierra, el aire y los latidos, esas madres discordantes a las que en el fondo siempre se acaba volviendo.