jueves, 25 de septiembre de 2008

Colisiones

Profundo olor de reforma, de ebanistería, instalación de parqué.

Un
microuniverso de espacio, arquitectura de pasos resonantes, teatro sin público y lleno de actores.

Aquí estamos todos, en la exposición. Confrontaremos nuestras experiencias con los átomos de experiencia que alguien ha confinado en lienzos. Las haremos chocar con fuerza, y analizaremos los rescoldos resultantes de nuestras impresiones, descompondremos todo lo establecido en busca de la última realidad, de los ladrillos primigenios. Como en el
LHC.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Crisis!

Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla.

Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo:

“Pero si va desnudo”

Es un cuento viejo (1837!) pero algunos parece o que no lo han escuchado en su vida, o que llevan la corbata demasiado apretada como para recordarlo con precisión.

En fin, al menos esta situación que nos toca vivir nos sirve para sacar una conclusión, y es una conclusión digna de tragedia operística: no importa cuantos MBA hagas ni cuanto te hayan costado, no importa cuantos parientes tuyos hayan sido banqueros antes que tú, no importa cuantos idiomas hables, no importa cuantas influencias tengas ni cuantas carreras te hayas sacado en otras tantas universidades extranjerías: la economía mundial sólo se mueve entre los polos de la cobardía y la ambición, por el puro miedo y por el hacer lo mismo que hace el de al lado para no ser menos.

Demasiada ambición como para seguir las reglas que dicta el sentido común, esas reglas que comprende incluso el niño del cuento, y demasiada cobardía para rectificar cuando se falla. La economía va a la deriva en un mar de instintos, de
sobreconfianzas y miedos irracionales, y no hay reglas fijas que le sirvan de boya.

domingo, 14 de septiembre de 2008

La casa

Cuando las virutas de nubes pasando hacían guiñar el sol, diferencias de luz, teatros de sombras, se iban dibujando en las cortinas. El silencio de la tarde era corpóreo, y sólo lo manchaban pequeños crujidos de muebles. Toda la casa daba la sensación de viajar, de ser un barco que atravesaba el tiempo.

Cuando había luna llena, las cortinas eran levemente fosforescentes, fantasmales, y toda el balcón parecía apuntar a la luna como una proa al puerto.

Una vida oculta, minúscula, una segunda vida, transcurría durante la noche. Movimientos, roces, momentos de vigilia, caricias, demasiado calor o demasiado frío. Esta vida, íntima y subterránea, cobraba más sentido por comparación, a medida que la vida diurna se volvía más árida.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Cumpleaños

Era la mañana siguiente a su cumpleaños; ya iban 45. Se sentó en la mesa del comedor, brillaba discretamente el sol, con esa luz clara y fluvial que sume a uno en un estado filosófico natural, y comenzó a escribir:

"Bueno, pues aquí estamos, 45 años. Ahora sé que ya he gastado, muy por lo menos, la mitad de mi vida, y la verdad es que ha sido un soplido. Los días eternos de la infancia, los oceánicos meses, los infinitos años, se fueron acortando hasta quedar caricaturizados en jornadas laborales y años fiscales.

Siendo sinceros, la vida hasta ahora me está pareciendo, en conjunto, vaga, insustancial, vacía. Debo reconocer chispazos de emoción, incluso de genialidad, pero no he hecho nada que merezca la pena ser recordado, ni puedo dar lecciones de nada a nadie. Como la gran mayoría de los que me rodean, he seguido los caminos ya trillados. He seguido, con diferencias meramente superficiales, el mismo patrón que había seguido mi padre, y su padre antes que él. Me han preocupado las mismas cotidianidades, de mis labios han salido las mismas intrascendencias, y me he aburrido como todos.

¿Por qué me he limitado a conseguir unas mediocres condiciones materiales, por qué no he arriesgado en la vida para intentar acceder a algo mejor? A algo más elevado, algo que realmente me hubiera hecho la persona que realmente quería ser. La respuesta sería cómica si no fuera trágica: por simple miedo. En ausencia de una fe a seguir, el miedo ha gobernado ampliamente mi vida. Por supuesto no me refiero a una fe religiosa, sino a creer firmemente en algo.

Por miedo al qué dirán no he desarrollado todo lo que soy; por miedo a fracasar, a descubrir que soy humano, no lo he intentado; por miedo a ser excluido he callado; por falta de fe en mi profesión no he disfrutado de mi trabajo, y por la falta de fe en el amor no creo haber tenido nunca un amor verdadero. Incluso me he burlado de quienes perseguían su propio destino en alguno de esos aspectos. Para mí todo eran modas y vanidades. Puede decirse que hasta hace muy poco tiempo mi vida ha sido estrictamente adolescente, y quizás yo no he sido más que una víctima de mi tiempo. Me entristece pensar que esas han sido las pautas que han guiado algo tan valioso como la propia vida.

Lamento profundamente no haber intentado sacar lo mejor de mí, tanto para mi propio beneficio como para las personas de mi alrededor; ahora daría todo por poder volver atrás y preguntarle a muchas de las personas que estaban a mi lado qué les rondaba por la cabeza, qué pensamientos desmenuzaban antes de dormir, qué esperaban de mí. Me hubiese gustado entregarme mucho más a ellas, bucear en todas esas personas excepcionales que me acompañaron a lo largo de los años. Pero el caso es que no lo hice, a pesar de que siempre pude elegir hacerlo. Pasé de puntillas por sus vidas de la misma forma que estoy pasando por la mía.

Pero aunque sea tarde, he aprendido por fin a conocerme a mí mismo, a ser sincero con lo que deseo; he aprendido a perder la educación, a perder las formas. Creo que soy afortunado por haberme dado cuenta de todo esto; me parece que lo más frecuente es que la gente nazca y muera y se pierda lo del medio."

domingo, 7 de septiembre de 2008

Procesos

Cuando pulsamos la combinación de teclas CTRL+ALT+SUPR en un Windows podemos acceder al administrador de tareas, una especie de monitor de qué es lo que está haciendo nuestro PC. Es especialmente útil cuando el ordenador se queda encasquillado, atontado sin motivo aparente; entonces un CTR+ALT+SUPR nos muestra que ese programa de aspecto inocente se está comiendo toda la capacidad o la memoria del PC. Entonces podemos hacer el "Finalizar tarea".

Todo esto viene a cuento porque en algún momento se me ocurrió que quizás le pase lo mismo a las personas. Analizando la gente que conozco y que creo que objetivamente podría considerarse de entendimiento limitado, me pregunto si es una cuestión de hardware (de que realmente no dan más de sí), o si realmente lo que les pasa es que tienen muchos procesos corriendo en su cabeza que les impide atender a lo que realmente importa. Prejuicios, creencias, supersticiones, falta de confianza, timidez, vergüenza, educación borrosa, recuerdos, frustraciones, manías... ese tipo de cosas inútiles que simplemente son un lastre para la capacidad de alguien. Incluso en los casos en los que la persona tenga ciertas carencias naturales, me da la sensación de que pueden verse muy disimuladas si no se carga con pensamientos inútiles. Y también pienso si no será posible que las personas inteligentes puedan cometer errores torpes precisamente porque se traban por ese tipo de impurezas y no tienen la cabeza alineada con el problema.

En cualquier caso para mí es importante dedicar algún minuto en la vida a la reflexión; a alejarte del cuadro y ver cómo va quedando. Ver por qué haces lo que haces y por qué eres lo que eres, hacer CRTL+ALT+SUPR e intentar finalizar tareas que no producen nada útil. Quizás no digo nada nuevo, ya decían hace mucho aquello de "conócete a ti mismo".

sábado, 6 de septiembre de 2008

Imposibilidad

Quizá sea obvio que toda miseria, toda pena, está relacionada con una imposibilidad. Están las imposibilidades "físicas", las relacionadas con procesos irreversibles: no es posible volver al pasado, ni olvidar, ni resucitar ni hacer que el tiempo transcurra más rápido o más lento.

A veces me ha dado la sensación de que todas las imposibilidades de la vida se reducen a este tipo, a imposibilidades físicas. Pero últimamente he venido pensando que la imposibilidad que desde siempre me ha causado más dolor no se ajusta a la categoría física: se trata de la imposibilidad de que alguien cambie.

Millones de referencias cruzan la vida de una persona, miles de millones de experiencias, influencias culturales o de conocidos, y además está la base biológica del comportamiento. Si unimos esa maraña al hecho de que en realidad me resultaría casi imposible decir con certeza en qué sentido me gustaría que alguien cambiase -quizá en realidad no me gustaría-, el resultado es que la comunicación, la expresión de deseos y sentimientos, me parece prácticamente un milagro. En serio, me parece asombroso que dos entidades tan complejas puedan llegar a transmitirse información y ser tenuemente comprendida entre ellos, o incluso que pueda llegar a ser comprendido por uno mismo lo que está diciendo.

Es algo así como lo dijo alguien, cada uno sale cada día a la calle con un guión aprendido, el problema es que no es el mismo que el de los demás.

lunes, 1 de septiembre de 2008

El último escalón

Tengo en mi terraza dos alcayatas de las que puedo colgar la jaula de mi canario. Dependiendo de cómo caiga la luz a una hora concreta, lo cuelgo de una o de otra, para que no le de el sol de forma demasiado directa.

Hoy me ha dado por preguntarme si el canario es capaz de entender remotamente algo de lo que le pasa. Tanto lo que le pasa a él individualmente como el porqué un humano le alimenta, le tiene dentro de una jaula y le sitúa en una alcayata o en otra. Me pregunto si, esforzándose, por decirlo así, sería capaz de decir "claro, en estas posiciones nunca me da el sol directamente". Lo dudo mucho. Mirando sus ojillos negros, vivos pero extrañamente mecánicos, inertes, faltos de expresión, me doy cuenta de que nunca llegará ni tan solo a tener la inquietud de hacerse la pregunta. Y por supuesto, nunca llegará a comprender el tema de las alcayatas; para empezar nunca llegará a comprender el concepto de decisión, aunque lo ponga en práctica! Ni tan siguiera puede llegar ni a comprender cosas como la causalidad o el concepto de motivo: la configuración de su pequeño cerebro, pensado para volar y comer, no le permite más, le impone un techo. No le culpo: cada cosa es para lo que es, y la naturaleza es sabia dotando a los pájaros de cerebros de pájaro preparados para comportarse como tales. Lo extraño sería suponer que la evolución genera órganos todo-uso (o no?)...

Mi canario tiene un sistema, una visión filosófica del mundo, que le funciona a él en tanto que canario. Es una ontología basada en la lechuga y el pienso. Y le va de coña. Si intentara hacer algo impropio de un canario, algo como preguntarse cual es el origen del universo o cosas así, imaginaos cuántos escalones intelectuales tendría aún que escalar hasta llegar al último, al mío, al de los seres humanos, y poder sólo comenzar a plantearse algo!! Estaría entonces en un escalón que, al fin y al cabo, quizás no esté más cerca de resolver las cosas fundamentales que el de mi canario. Eso es lo que me asusta mirando sus ojos negros, vivos pero inertes, como los de la propia naturaleza: ¿somos realmente el último escalón? ¿o estamos tan sólo asomándonos a los conceptos más básicos de un escalón superior? ¿alguien nos podría mirar desde tan arriba como miro yo a mi canario? ¿cuántos escalones hay realmente? Cada vez estoy más convencido de que el conocimiento es sólo camino, y nunca meta.