Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Historias Anónimas

La tormenta

Cuando caía la tormenta odiando al mundo, ella se sentía como una hormiga que siente la vibración del trote del caballo acercándose. Todo cobraba una nueva dimensión, una dimensión vertical. El cielo se manifestaba, insinuando la inseguridad de todo aquello que nos resguarda. Había sentido algo parecido en las llanuras de Montana, cuando ves la tormenta, concreta, limitada, como un cúmulo negro, lejano, que se mueve desde el horizonte. Ves incluso caer la cortina de lluvia que más tarde descargará sobre ti . En esas praderas se produce ese diálogo entre tierra y cielo que mucha gente sólo presencia entre cielo y mar. Pertenecía a una nueva clase burguesa, una especie de post- grunge espiritual surfista . Se había tomado un par de años para dar vueltas por el mundo, lo que para una estadounidense no deja de ser ir a explorar sus dominios. Todo había comenzado como una aventura casi adolescente, pero, la verdad, le estaba haciendo madurar rápidamente. Cada vez usaba menos su VISA y en s...

Tatuajes

De niño, cada cosa era nueva y daba sentido a un día. Un simple programa de televisión, o un tímido picnic dominical. Los meses eran largos, casi anuales. Las estaciones se vivían como si nunca acabasen. Los recuerdos, las experiencias, se agolpaban, se mezclaban con los olores, y las risas brotaban diariamente. A medida que creció llegó el momento en que los días se estandarizaron y las horas venían empaquetadas en cajas de ocho. Fue por entonces cuando se hizo el primer tatuaje. Le dolió durante una semana, y tuvo que cuidarlo durante quince días. Cada vez que veía su tatuaje recordaba lo que significaba para él y todos los días de cuidados y molestias habían contribuido a alargar y fijar el recuerdo. Fue un mes intenso, significante, memorable, pausado y cadencioso como los de un niño. Y volvió a hacerse otro tatuaje, y luego otro. Cada punzada en su piel era como un clavo que atoraba la maquinaria del tiempo y conseguía capturarlo, reducirlo, en la jaula de un pequeño dibujo, de ...

Manchas

La gente le decía " Anímate ", con cierto tono de recriminación, como si les pareciese teatral, infantil, tanto hundimiento . Ella sólo sentía impotencia ante estos apoyos; sólo se sentía más y más sola . Sentía que se había perdido y veía como los equipos de rescate la buscaban en una zona en la que no estaba. Ella estaba fuera de la vitrina del lenguaje. No estaba en la zona en la que unas palabras de ánimo pudieran tener algún efecto. Ella estaba en la zona del llanto, del temblor, del suspiro, de los gemidos, las risas y las nauseas. Era una zona mucho más profunda que las palabras; era la zona de las manchas, de los borrones. A veces todos esas manchas sagradas, los miedos, las inseguridades, los deseos y los recuerdos se alineaban y formaban un discurso comprensible, coherente. Eran los días en los que ella parecía una persona civilizada y cabal. Pero ahora cada mancha, cada instinto ininteligible, pre - lingüístico , visceral, trotaba libre en su interior. Y mientras...

Cinco

Hacía una semana que se había divorciado. Iba en el autobús, sentado con las manos entrelazadas. A través del cristal vio una pareja que caminaba por la calle; iban cogidos de la mano. En ese preciso instante, de forma parecida a como las personas que han perdido un miembro lo siguen sintiendo, él sintió que su mano izquierda era la de otra persona -la de ella- que cogía su mano derecha. Fue una sensación tan nítida que se asustó, se asustó de estar tan triste.

Cuatro

Sentía como perdía la vida a lo largo de la línea que había trazado la trayectoria de la bala. Y tuvo uno de esos singulares momentos de lucidez final: "Que extraño... no lo entiendo... siento... lo veo claramente... siento que todo ha sido un sueño" Y se derrumbó. Se confirmó así la sospecha que siempre había tenido en vida: que al morir, tanto creyentes como no creyentes se llevan una gran sorpresa.

La mujeres invisibles

Parece ser que cuando eres una mujer invisible, la moda cobra una relevancia titánica. Cuanto más invisible eres, más importancia. Porque claro, pensadlo un momento: una mujer invisible nunca se ha visto en un espejo, nunca ha podido tener una impresión de sí misma, es casi como si no supiera quien es en realidad, está a punto de no existir, sólo es una nubecilla , una débil voz interior. Puede llegar a dudar de si es real, de si esa voz de su pensamiento no será fruto de su imaginación. En estos casos, la ropa es todo lo que es visible que hay de ella.Todo lo que puede comunicar al mundo exterior, a la sociedad por decirlo así, lo comunica a través de como viste. Sus prendas son intermediarias entre ella y el mundo. A la mujer invisible no le importa como son sus piernas, su tono de piel o su pelo. Le importa cómo hacen las medias ser a su piernas, el color de sus guantes y la frescura que pueda transmitir con su sombrero. Porque, insisto, ella de por sí apenas es nada, y siente que ...

O no...

El caso es que no era un mal filósofo, os lo digo en serio. Es decir, en la universidad fue un alumno destacadísimo , y por eso el catedrático de Estética lo había recomendado para una estancia en Viena . Introducido por su mentor en los círculos intelectuales de la época, conoció a la flor y nata del pensamiento de su tiempo.Y precisamente ahí comenzaron sus problemas, cuando tuvo que "salir al escenario". Cuando todos se reunían, por ejemplo, para conversar durante una visita de Albert Camus , éste decía "el único problema filosófico importante que existe es ¿se ha de suicidar uno?". Y entonces se oía la vocecita de nuestro protagonista, de fondo, que decía "o no...". Todos se giraban hacia él, esperando una confrontación dialéctica. Camus le miraba interrogante. Pero él, entre el poco francés que sabía y que realmente creía ante una sentencia aleatoria así era suficiente un "puede que sí pero quizás no!", no decía nada más en toda la reu...

Aleph

Así fue como la divinidad me concedió el don, y pude ver todas las cosas como son realmente. Como el lento despegue de los efectos de una droga, comencé poco a poco a darme cuenta de que la mesa en la que apoyaba también podría ser una silla -podría usarse como tal-; también podría ser un taburete, o un tablero de juego. Mirándola con más atención me dí cuenta de que también era música, y un ser vivo. Y un lujoso abrigo y un manjar exquisito. Primero veía todo esto secuencialmente, una visión detrás de otra, pero el ritmo de las visiones se aceleraba, cada vez veía más cosas que la mesa era, y más cosas que eran las paredes, y los muebles, y las cortinas, y todo ello se amalgamaba como una tempestad de pájaros graznando horriblemente, emitiendo todos lo sonidos posibles a todos los volúmenes; oía susurros y también, al mismo tiempo, gritos de pánico. Finalmente toda la masa de existencia pura se hizo una sola gran nube gris, un huracán descomunal de palabras en el que yo flotaba. Yo en...

La casa

Cuando las virutas de nubes pasando hacían guiñar el sol, diferencias de luz, teatros de sombras, se iban dibujando en las cortinas. El silencio de la tarde era corpóreo, y sólo lo manchaban pequeños crujidos de muebles. Toda la casa daba la sensación de viajar, de ser un barco que atravesaba el tiempo. Cuando había luna llena, las cortinas eran levemente fosforescentes, fantasmales, y toda el balcón parecía apuntar a la luna como una proa al puerto. Una vida oculta, minúscula, una segunda vida, transcurría durante la noche. Movimientos, roces, momentos de vigilia, caricias, demasiado calor o demasiado frío. Esta vida, íntima y subterránea, cobraba más sentido por comparación, a medida que la vida diurna se volvía más árida.

Cumpleaños

Era la mañana siguiente a su cumpleaños; ya iban 45. Se sentó en la mesa del comedor, brillaba discretamente el sol, con esa luz clara y fluvial que sume a uno en un estado filosófico natural, y comenzó a escribir: "Bueno, pues aquí estamos, 45 años. Ahora sé que ya he gastado, muy por lo menos, la mitad de mi vida, y la verdad es que ha sido un soplido. Los días eternos de la infancia, los oceánicos meses, los infinitos años, se fueron acortando hasta quedar caricaturizados en jornadas laborales y años fiscales. Siendo sinceros, la vida hasta ahora me está pareciendo, en conjunto, vaga, insustancial, vacía. Debo reconocer chispazos de emoción, incluso de genialidad, pero no he hecho nada que merezca la pena ser recordado, ni puedo dar lecciones de nada a nadie. Como la gran mayoría de los que me rodean, he seguido los caminos ya trillados. He seguido, con diferencias meramente superficiales, el mismo patrón que había seguido mi padre, y su padre antes que él. Me han preocupado la...

Entropía

Dentro, en las casas, pasaban muchas, muchísimas cosas a diario, demasiadas para ser controladas. Así es que había ropa tirada en los comedores, en las cocinas, en los estudios... y también comida o restos de comida tanto en los comedores como en las cocinas como en los estudios. Todo era inmediato, y todo acababa mezclado. Fuera, en la ciudades, con el paso veloz de los siglos, las ideas y las personas, también se habían ido mezclando las cosas, de forma que el veneno se había mezclado en la comida, la enfermedad en la salud y la salud en la enfermedad, el sueño con la vigilia, el deber con el placer; y todas las ideas eran un poco todas las demás. Todo se volvió complicado, y las definiciones se hicieron difusas.

La disrupción

El inspector cruzó el perímetro policial. - ¿Se ha encontrado algo? - Sólo sabemos que el niño jugaba en los alrededores del pozo, y al rato había desaparecido. - ... - Pero no podemos ver nada de lo que hay en el pozo. - ¿Cómo? - En el fondo de ese pozo hay algo extraño...por decirlo de alguna manera, aunque en este caso no hay una manera correcta de decirlo. - ¿Qué? - No sabemos qué es, sólo que nadie se puede acercar. Ahí puede estar la demostración matemática de que si las matemáticas son ciertas entonces son falsas, o puede tratarse del origen de la locura, o quizás sea el motivo de que exista el terror, el límite del lenguaje, o eso que llaman dios... En cualquier caso, cada paso que demos en dirección al pozo abandonamos un poco esta realidad. Incluso a esta distancia, uno comienza a notar como si sus frases no le pertenecieran, como si fueran narradas por alguien y reproducidas en la mente de un lector.

La confesión del veterano

Roisin , es difícil describir lo que me pasa. No entiendes por qué tengo estas rachas de tristeza tan profunda, y yo no lo sé explicar porque las tengo incrustadas entiendes? Lo mismo que la metralla de la pierna. Primero era un objeto extraño, una agresión. Desde el momento en el que los médicos dijeron que era mucho más arriesgado extraerla que dejarla, se convirtió en parte de mi cuerpo, tan imprescindible y propio como un dedo de una mano. Me gustaría vivir sin memoria, Roisin , pero cada cana y cada cicatriz me recuerdan todo lo que he vivido. Todos mis recuerdos están ahí, como el Aleph de Borges , recuerdas? Están todos agolpados en el mismo sitio y al mismo tiempo. Todos los caídos, las vidas desperdiciadas, la esencia animal del hombre al desnudo, de los gobiernos en carne viva, las vísceras cruentas de la humanidad entera; toda la crueldad de lo que es capaz alguien que había sido panadero o sastre. Todo ello está en mi mirada como unos anteojos; está en todo lo que veo. Son...

No erradicaban a los pobres...

No erradicaban a los pobres; no les interesaba porque sabían que las reglas sociales implicaban necesariamente una determinada función de distribución de la riqueza, universal, y eliminando un segmento sólo conseguirían que, en breve, otros elementos los reemplazasen, como nichos de un ecosistema.

Cansancio

Creía que iba a morir aplastado por el peso de su memoria, el recuerdo del cansancio hacía permanecer, constantemente presente, al cansancio mismo, a todos los cansancios acumulados durante una vida. Como el agua que va formando una estalactita, el cansancio va deformando la personalidad, va depositando un elemento sólido, una piedra de riñón, un callo, algo que no se evapora con el simple descanso, que se incrusta. Hay una parte de cansancio, en suma, que forma parte de uno, que no se va. Es la parte que queda para siempre en la memoria, y su acumulación es la causa de la vejez.

Un atraco

El momento justo antes de atracar un banco es un poco como todos los momentos en la vida que implican una bifurcación, un paso irreversible. Es decir, como todos los momentos. La decisión final de hacerlo se hace en la propia puerta del banco; tomar esa decisión es un poco como todas las decisiones que se toman en la vida, como decidir qué marca de leche vas a comprar o como perder la virginidad o saber que algo te gusta, pero claro, una situación tan crítica es algo así como el as de las decisiones. Sin embargo, siempre queda una ligera sensación de que todas las decisiones tienen un poco de criticidad, un sabor de atraco, y, horriblemente, entiendes un poco a los enfermos mentales en sus laberintos de pensamientos, te preguntas si no fueron eclipsados por momentos críticos, por la visión de lo que es realmente dar un paso en la vida. ¿Por qué lo hice? Por dinero, claro. La respuesta es obvia pero incompleta; ¿por qué no todo el mundo atraca un banco? ¿En qué momento visualicé la...

El insomne

Su cuerpo pasto del insomnio, permanecía como un monolito, y el paso de los minutos era todo lo que lo constituía. Llegaban historias minúsculas, historias latentes de viviendas cercanas, que caían en la tela de araña de sus oídos. Una vez atrapadas, su mente se avalanzaba sobre ellas ávida de eventos, y las desgranaba. Oyó crujir un mueble, y le resultó extraño que ese crujido tuviese lugar, que hubiese sucedido en ese momento y no en cualquier otro. De acuerdo, los materiales son los que son, la temperatura es la que es, y los crujidos se producen cuando se tienen que producir. Pero...¿qué era lo que ligaba a todo, lo que tenía todo en común, de trasfondo, para que las cosas se relacionasen? ¿Cuál era el marco común, el esperanto que hablan las cosas para entenderse entre ellas? Pensó: "es extraño el modo en el que suceden las cosas, y es un concepto extraño, el tiempo...es...antinatural, como los números enteros".

La mancha

La tarde era soleada. Cerró los ojos y la luz de la habitación quedó unos instantes tenuemente marcada en sus párpados, por dentro. La tarde era soleada. Cerró otra vez los ojos, algo intrigado. La luz de la habitación permaneció su retina, como antes. Pero entre las manchas de luz había una luz roja, que no se correspondía con ninguna real. Con los ojos cerrados, recordó, visualizó cómo era la habitación. Extrañamente, en su visualización también aparecía una mancha roja en la pared. Por mucho que intentara hacerla desaparecer de su imaginación, la mancha permanecía. Siempre que pensaba en el dormitorio, aparecía manchado. La mancha era algo incontrolable, como un hueco del pensamiento, como algo que uno no había puesto ni podía quitar de ahí, algo inalterable. Se podría decir que era un escollo de realidad en la imaginación, algo que permanece se piense como se piense. Al intentar eliminarla del pensamiento, sentía algo parecido a una obsesión; el rojo eclosionaba sin control, ac...

Mañana de epifanía

Al día siguiente, a media mañana, salió a la calle. Era un día soleado pero frío de invierno, todo seguía en su sitio, pero todo había cambiado radicalmente. No sabía definir exactamente qué era, era una gran bola de sentimientos nuevos centrifugando agradablemente en su estómago, una especie de primer amor, una especie de lo contrario al miedo, una especie de gran olvido, de vértigo amigo, de levitación. De la misma forma que en algún momento de nuestras vidas, sin comprender exactamente el motivo, nos sentimos incómodos con nuestra desnudez en público, ahora él sentía como si se hubiese producido el efecto contrario, como de una forma subconsciente e incontrolada volviese a los orígenes. Los objetos se le aparecían de una forma mucho más sólida, mucho más relevante, como a los niños que miran las cosas con ojos de descubrimiento. Redescubrió los árboles, sus hojas, el ligero viento en su cara. La existencia había dejado de ser un conjunto de palabras, de etiquetas, para mostrarse tri...