viernes, 17 de octubre de 2008

Progreso

Está bien, vamos a decirlo sin rodeos: el progreso, sencillamente no existe. Es algo así como uno de los dioses pequeñitos que se crearon cuando desmenuzaron al dios clásico: el puesto que ocupaba la deidad fue ocupado por un panteón de mitos.

Progreso: ¿cómo explica el progreso que la generación de nuestros padres tuviera a nuestra edad muchas más necesidades existenciales cubiertas que nosotros? Vivienda, trabajo, pareja...los grandes temas! Nuestros padres, en promedio, los tenían todos resueltos con pasmosa naturalidad. Hoy cada uno de esos elementos es un bosque de complicaciones.

¿Cómo explica el progreso que la historia sea en esencia cíclica y que ahora con el nubarrón de la crisis haya voces que hablen de una vuelta al comunismo? ¿Cómo explica que la próxima generación sea la primera en tener una esperanza de vida inferior a la de sus padres? ¿Cómo explica el deterioro ambiental, y cómo explica el avance del mal gusto?

Pues la respuesta es muy fácil: el progreso no explica nada de todo eso, porque el progreso no existe. No hay un rumbo, sino corrientes económicas que nos llevan a la deriva. La humanidad no va hacia ninguna parte, no hay un timón. Simplemente cada uno hace lo que mejor le parece en cada momento. Concentrándonos
tanto en el beneficio individual, es completamente normal que seamos ciegos al impacto colectivo de nuestras acciones.

Es cierto que se da la condición mercantilista de que para beneficiarse uno usualmente ha de beneficiar a otros (para forrarme yo tengo que vender productos atractivos a otros...) y eso crea la ilusión de que "avanzamos", de que "estamos prosperando". En realidad somos como bancos de peces: cada individuo busca su posición, reacciona por sí mismo, y el conjunto aparenta un movimiento coordinado.


Si es que ya deberíamos ser mayorcitos para tomar consciencia de lo que somos: la historia no viene marcada por los nobles ideales; la historia la escriben los estómagos y los penes. Si a los estómagos y a los penes les resultara más satisfactorio vivir en cavernas, todos volveríamos a las cuevas, y le daríamos una patada al MacBook Pro.

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