jueves, 17 de abril de 2008

Un atraco

El momento justo antes de atracar un banco es un poco como todos los momentos en la vida que implican una bifurcación, un paso irreversible. Es decir, como todos los momentos. La decisión final de hacerlo se hace en la propia puerta del banco; tomar esa decisión es un poco como todas las decisiones que se toman en la vida, como decidir qué marca de leche vas a comprar o como perder la virginidad o saber que algo te gusta, pero claro, una situación tan crítica es algo así como el as de las decisiones. Sin embargo, siempre queda una ligera sensación de que todas las decisiones tienen un poco de criticidad, un sabor de atraco, y, horriblemente, entiendes un poco a los enfermos mentales en sus laberintos de pensamientos, te preguntas si no fueron eclipsados por momentos críticos, por la visión de lo que es realmente dar un paso en la vida.

¿Por qué lo hice? Por dinero, claro. La respuesta es obvia pero incompleta; ¿por qué no todo el mundo atraca un banco? ¿En qué momento visualicé la posibilidad, acaricié el plan? Yo no lo sé, y además nadie lo sabe. Hay “algo” ahí debajo que trabaja sólo, y luego sube a la superficie a decirte que has de hacer. A veces "eso" trabaja un tiempo, y luego sube a decirte al oído "estoy enamorado". No sabes cuando pasó, pero ahora ya está ahí. Pues lo mío con el dinero es igual. Había momentos de desesperación económica. Había momentos en los que odiaba a los que lo tenían todo y no lo merecían ni lo aprovechaban. Había momentos en los que me consideraba mucho más inteligente que la media, en los que confiaba en mis capacidades para hackear una sociedad podrida de injusticias que se mantiene a flote con débiles excusas morales inventadas por los de arriba ("pobre pero honrado"...esas chorradas). Y finalmente hubo algún momento en el que miré hacia el banco. No soy un supervillano, ni un héroe. Sólo un nudo entre causas y consecuencias, como todos.

Nunca podré olvidar la entrada en el banco. Media hora antes de hacerlo, cada minuto cambiaba mi intención, si hacerlo o no. Diez minutos antes, cambiaba cada medio minuto. Un minuto antes, ya cerca del banco, cada diez segundos oscilaba entre opciones opuestas, entrando en una nube de pensamientos caóticos. Una vez dentro, con el frío de la pistola en mi mano, dentro del bolsillo de mi chaqueta, aún podría haberme detenido. Pero "eso" trabajaba desde abajo, y me susurraba "es lo que has de hacer, es como un trabajo más, con sus riesgos". Una vez das el primer grito, todo está sentenciado, y sólo hay una dirección.

...Un ser que desconozco, que decide y actúa, ese soy yo. Yo soy sólo la cáscara de mis acciones, las veo como desde un monitor, no sé de donde brotan, y las recuerdo como un sueño.

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