El murmullo de la ciudad es un silencio. Es un gran ruido blanco, carente de significado: básicamente como un silencio al que se le ha aumentado el volumen. Un silencio que es la suma de miles de silencios.
Soñé que cortaba una naranja en dos. Y la naranja abierta olía a césped recién cortado. Y el tacto de la superficie carnosa era el de pelo recién cortado.
Soy un hedonista en el sentido original del término; para mí el placer es una de los pocos ideales que a ciencia cierta merece la pena perseguir. Y una de mis constantes fuentes de placer es la contemplación de la perfección. Obras de arte, objetos, fórmulas matemáticas o, como el caso de hoy, placeres sencillísimos como la conjunción de la temperatura perfecta con la música exacta al volumen preciso, contemplando un cielo no muy despejado ni tapado, con tránsito constante de nubes. Esta tarde humildemente perfecta me ha hecho pensar que quizás los grandes eventos, las fiestas, los festivales, las celebraciones barrocas, los excesos... son algo así como burdas granadas de mano: disparan metralla en todas las direcciones con la esperanza de alcanzar el blanco, quizás un blanco distinto para cada persona: el objetivo es el placer. Pero es un método muy poco eficiente, un método pesado, caro, tosco, cargante, impersonal, que hace uso y abuso de la estadística. Teniendo de todo, es fácil ...
Años después reflexionaba "Es extraño como llegan a suceder las cosas. No el discurso de complejas historias, sino los instantes. La forma en la que una grulla ajusta ligeramente la postura de su cuello antes de dispararlo contra el agua y capturar un pez. No fue, no pudo ser ni un mínimo instante antes o después. Fue en ese momento cuando la indiferencia general del cosmos se rompió, y se produjo el cambio, fue justo en esa milésima de segundo cuando el cerebro del animal se activó instintivamente, sin artificios ni planificación. Parece un sueño que puedan acontecer eventos tan importantes en tiempos tan absurdamente cortos, tiempos indefinidos y casi inexistentes. Parece como si cupiese un elefante en un cofre." Todo le había venido al recordar el cuerpo espigado, floreciente y ligeramente arqueado de ella, observando distraída las estanterías de libros en casa de él. En silencio pero sin ninguna premeditación él se le había acercado por detrás, como una brisa, y le ro...
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