lunes, 1 de septiembre de 2008

El último escalón

Tengo en mi terraza dos alcayatas de las que puedo colgar la jaula de mi canario. Dependiendo de cómo caiga la luz a una hora concreta, lo cuelgo de una o de otra, para que no le de el sol de forma demasiado directa.

Hoy me ha dado por preguntarme si el canario es capaz de entender remotamente algo de lo que le pasa. Tanto lo que le pasa a él individualmente como el porqué un humano le alimenta, le tiene dentro de una jaula y le sitúa en una alcayata o en otra. Me pregunto si, esforzándose, por decirlo así, sería capaz de decir "claro, en estas posiciones nunca me da el sol directamente". Lo dudo mucho. Mirando sus ojillos negros, vivos pero extrañamente mecánicos, inertes, faltos de expresión, me doy cuenta de que nunca llegará ni tan solo a tener la inquietud de hacerse la pregunta. Y por supuesto, nunca llegará a comprender el tema de las alcayatas; para empezar nunca llegará a comprender el concepto de decisión, aunque lo ponga en práctica! Ni tan siguiera puede llegar ni a comprender cosas como la causalidad o el concepto de motivo: la configuración de su pequeño cerebro, pensado para volar y comer, no le permite más, le impone un techo. No le culpo: cada cosa es para lo que es, y la naturaleza es sabia dotando a los pájaros de cerebros de pájaro preparados para comportarse como tales. Lo extraño sería suponer que la evolución genera órganos todo-uso (o no?)...

Mi canario tiene un sistema, una visión filosófica del mundo, que le funciona a él en tanto que canario. Es una ontología basada en la lechuga y el pienso. Y le va de coña. Si intentara hacer algo impropio de un canario, algo como preguntarse cual es el origen del universo o cosas así, imaginaos cuántos escalones intelectuales tendría aún que escalar hasta llegar al último, al mío, al de los seres humanos, y poder sólo comenzar a plantearse algo!! Estaría entonces en un escalón que, al fin y al cabo, quizás no esté más cerca de resolver las cosas fundamentales que el de mi canario. Eso es lo que me asusta mirando sus ojos negros, vivos pero inertes, como los de la propia naturaleza: ¿somos realmente el último escalón? ¿o estamos tan sólo asomándonos a los conceptos más básicos de un escalón superior? ¿alguien nos podría mirar desde tan arriba como miro yo a mi canario? ¿cuántos escalones hay realmente? Cada vez estoy más convencido de que el conocimiento es sólo camino, y nunca meta.


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