viernes, 10 de octubre de 2008

Adaptación

Parece que siempre hay que elegir: identidad o adaptación. Ser fiel a una serie de principios que, espontáneamente, surgen directamente de cómo eres, o adaptarte a las circunstancias para sacar el mejor partido posible. Reírle las gracias al imbécil de turno que a la larga te puede ser útil o decirle a la cara lo gilipollas que es. Una difícil decisión. Viene a ser como decidir entre ser fiel a ti mismo, pero tener poco que hacer, o ser fiel a la corriente de turno y ver aumentadas tus expectativas.

Casi siempre se cumple el principio general de que la opción más difícil es la más recomendable: sin llegar a extremos, es más recomendable adaptarse, y creo que a lo largo de los años he aprendido a callarme las verdades para mi propio provecho. No se trata de ser un vendido, es sólo que hay poca gente que esté en posición de decir las cosas tal como le brotan: sólo aquellos que no tienen nada que perder o aquellos que no tienen nada más que ganar. Se trata, simplemente, de que el orgullo, la identidad, proporcionan sólo un bienestar momentáneo, son un pastel tentador pero es mejor mantener la dieta, y dosificar los excesos. Es decir, mantener un equilibrio.

Y es sólo últimamente que me pregunto si esta recomendación general no tendrá alguna fecha de caducidad. Quizás el intentar adaptarse a demasiadas cosas que se van encontrando a lo largo de la vida finalmente no sea más que un lastre cuando por fin estás seguro de quien eres y de la historia que quieres montar. Puede ser que en algún momento sientas "la llamada de la naturaleza" para abandonar una manada que hasta el momento te protegía pero ahora que eres adulto inhibe tus posibilidades de organizar tu propia manada.




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