jueves, 11 de septiembre de 2008

Cumpleaños

Era la mañana siguiente a su cumpleaños; ya iban 45. Se sentó en la mesa del comedor, brillaba discretamente el sol, con esa luz clara y fluvial que sume a uno en un estado filosófico natural, y comenzó a escribir:

"Bueno, pues aquí estamos, 45 años. Ahora sé que ya he gastado, muy por lo menos, la mitad de mi vida, y la verdad es que ha sido un soplido. Los días eternos de la infancia, los oceánicos meses, los infinitos años, se fueron acortando hasta quedar caricaturizados en jornadas laborales y años fiscales.

Siendo sinceros, la vida hasta ahora me está pareciendo, en conjunto, vaga, insustancial, vacía. Debo reconocer chispazos de emoción, incluso de genialidad, pero no he hecho nada que merezca la pena ser recordado, ni puedo dar lecciones de nada a nadie. Como la gran mayoría de los que me rodean, he seguido los caminos ya trillados. He seguido, con diferencias meramente superficiales, el mismo patrón que había seguido mi padre, y su padre antes que él. Me han preocupado las mismas cotidianidades, de mis labios han salido las mismas intrascendencias, y me he aburrido como todos.

¿Por qué me he limitado a conseguir unas mediocres condiciones materiales, por qué no he arriesgado en la vida para intentar acceder a algo mejor? A algo más elevado, algo que realmente me hubiera hecho la persona que realmente quería ser. La respuesta sería cómica si no fuera trágica: por simple miedo. En ausencia de una fe a seguir, el miedo ha gobernado ampliamente mi vida. Por supuesto no me refiero a una fe religiosa, sino a creer firmemente en algo.

Por miedo al qué dirán no he desarrollado todo lo que soy; por miedo a fracasar, a descubrir que soy humano, no lo he intentado; por miedo a ser excluido he callado; por falta de fe en mi profesión no he disfrutado de mi trabajo, y por la falta de fe en el amor no creo haber tenido nunca un amor verdadero. Incluso me he burlado de quienes perseguían su propio destino en alguno de esos aspectos. Para mí todo eran modas y vanidades. Puede decirse que hasta hace muy poco tiempo mi vida ha sido estrictamente adolescente, y quizás yo no he sido más que una víctima de mi tiempo. Me entristece pensar que esas han sido las pautas que han guiado algo tan valioso como la propia vida.

Lamento profundamente no haber intentado sacar lo mejor de mí, tanto para mi propio beneficio como para las personas de mi alrededor; ahora daría todo por poder volver atrás y preguntarle a muchas de las personas que estaban a mi lado qué les rondaba por la cabeza, qué pensamientos desmenuzaban antes de dormir, qué esperaban de mí. Me hubiese gustado entregarme mucho más a ellas, bucear en todas esas personas excepcionales que me acompañaron a lo largo de los años. Pero el caso es que no lo hice, a pesar de que siempre pude elegir hacerlo. Pasé de puntillas por sus vidas de la misma forma que estoy pasando por la mía.

Pero aunque sea tarde, he aprendido por fin a conocerme a mí mismo, a ser sincero con lo que deseo; he aprendido a perder la educación, a perder las formas. Creo que soy afortunado por haberme dado cuenta de todo esto; me parece que lo más frecuente es que la gente nazca y muera y se pierda lo del medio."

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