sábado, 1 de noviembre de 2008

Ernest Hemingway

Cuando era profe aplicaba una táctica para ahorrarme clases: poner trabajos a los alumnos y que ellos dieran la clase exponiéndolos. Inspirado por aquellas artimañas comienzo una serie de posts que no tendré que escribir yo (demasiado), sino que ya han sido escritos por los grandes: intentaré recopilar los grandes momentos literarios que he tenido la suerte de leer. Puede que me canse después del segundo post o puede que continúe; en el mundo de los blogs la continuidad siempre está en el aire...

Comienzo con el fragmento literario #1 en mi vida, extraído de "París era una fiesta" de Hemingway. Unas palabras que considero genuinamente inspiradas. Tengo la sensación de que algo que entra tan directamente, como una estocada limpísima, no puede haber sido premeditado, pensado. Es más bien como el movimiento natural y automático de una pierna al caminar o de una mano al coger el vaso. Es la transmisión pura de realidad. No creo que Hemingway pudiera escribir esto de otra forma que no fuera viéndolo, sintiéndolo realmente en sus carnes. Para mí, es la anti-ficción; no hay artificios (o parece no haberlos), es sólo un hombre que observa y siente, recuerda el pasado doloroso y lo proyecta sobre cualquier trozo de presente. Transmite de corazón a corazón sin apenas pasar por el cerebro. Dicho de otra forma, es poesía.

Con tanto árbol en la ciudad , uno veía acercarse la primavera de un día a otro, hasta que después de una noche de viento cálido venía una mañana en que ya la teníamos allí. A veces, las espesas lluvias frías la echaban otra vez y parecía que nunca iba a a volver, y que uno perdía una estación de la vida. Eran los únicos períodos de verdadera tristeza en París, porque eran contra naturaleza. Ya se sabía que el otoño tenía que ser triste. Cada año se le iba a uno parte de sí mismo con las hojas que caían de los árboles, a medida que las ramas quedaban desnudas frente al viento y a la luz fría del invierno. Pero siempre pensaba uno que la primavera volvería, igual que sabía uno que fluiría otra vez el río aunque se helara. En cambio, cuando la lluvias frías persistían y mataban la primavera, era como si una persona joven muriera sin razón.



1 comentario:

Gabriela clavo y canela dijo...

Muy grato recordarlo, dan ganas de retomar ese librito que una tiene guardado o de salir de la oficina.

Natural.
Poesía.
tristeza
Primavera.

Lindo fin de semana

saludos cordiales

gabriela