martes, 24 de marzo de 2009

Jean-Paul Sartre

Cuando contemplas con perspectiva algo que tú has creado, es frecuente tener una sensación de ajenidad. Algo así como si tu obra hubiera cobrado una extraña autonomía y ya no te perteneciera. La has creado tú, sí, pero hay una parte en la que no te reconoces. Es algo que puede pasar con un blog, un trabajo, un jardín, un hijo o una vida entera.

De alguna forma tú tienes una idea, o mejor dicho un ideal, de lo que debería ser esa obra, según tus planes o tu intención. Pero luego los planes se han ido desdibujando, erosionando con el tiempo, y el resultado es otra cosa. Te miras en ese espejo, y te extrañas.

Y aquí viene el fragmento literario #2 de mi vida, extraído de "El existencialismo es un humanismo", de Sartre:

Porque a menudo no tienen más que una forma de soportar su miseria, y es pensar así: “Las circunstancias han estado contra mí; yo valía mucho más de lo que he sido; evidentemente no he tenido un gran amor, o una gran amistad, pero es porque no he encontrado ni un hombre ni una mujer que fueran dignos; no he escrito buenos libros porque no he tenido tiempo para hacerlos; no he tenido hijos a quienes dedicarme, porque no he encontrado al hombre con el que podría haber realizado mi vida. Han quedado, pues, en mí, sin empleo, y enteramente viables, un conjunto de disposiciones, de inclinaciones, de posibilidades que me dan un valor que la simple serie de mis actos no permite inferir.” Ahora bien, en realidad, para el existencialismo, no hay otro amor que el que se construye, no hay otra posibilidad de amor que la que se manifiesta en el amor; no hay otro genio que el se manifiesta en las obras de arte; el genio de Proust es la totalidad de las obras de Proust; el genio de Racine es la serie de sus tragedias; fuera de esto no hay nada.

Es decir, lo que realmente eres, y a menudo se aleja de la imagen de lo que crees ser, es solamente aquello que haces. Lo tangible. Las realidades que construyas serán lo que te constituyan. El conjunto de bifurcaciones, de decisiones que tomas en la vida, es lo que realmente eres, y nada más. Ninguna de las ideas que bucean en tu cabeza tiene validez ahí fuera si no la traduces al lenguaje de la realidad: la acción.

Y como decía al principio del post, si te alejas unos pasos para contemplar el conjunto de aquello que has hecho, puedes aprender sobre ti mismo cosas que desconocías, quizás porque vivimos siempre un poco en nuestras cabezas. Puedes cerrar en parte la brecha que separa lo que crees que eres y lo que realmente eres, dándote cuenta de los tangibles que has creado. Supongo que es sólo mediante la generación de esos tangibles que puedes, literalmente, realizarte.

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