miércoles, 25 de marzo de 2009

Jefes

Hay dos actitudes posibles entre los jefes: la actitud de cliente y la actitud de profesor.

Muchos jefes simplemente asumen que su autoridad está basada en su cargo, o en su sueldo superior. Piden que hagas algo, y se ha de hacer. El cómo se ha de hacer, es cosa tuya. Dicen "esto se ha de hacer en X horas"; esperan esas horas y esperan tener el plato en la mesa. Esta es la actitud de cliente.

Otros jefes basan su autoridad en sus capacidades. En su capacidad de trabajo y en su capacidad de liderazgo. Conocen el negocio, se involucran. Saben lo que cuesta hacer cada cosa. Si dicen "esto se ha de hacer en X horas", tú podrás preguntarles cómo hacerlo si no lo sabes, y ellos te indicarán qué método han pensado para poder llevar a cabo esa tarea en esas horas. Esta es la actitud del profesor.

Puntos en contra de la actitud de cliente:

1 - Normalmente ya se tienen clientes, y son otros; son unos señores de otra empresa.
2 - No genera empatía; mira el problema desde lejos y se queja, en lugar de aportar algo para solucionarlo. No es "uno de nosotros", sino un espectador. No es un compañero.
3 - No aporta valor al equipo; su experiencia no se aprovecha en crear nuevas capacidades en otros trabajadores. Nadie aprende nada de él. La empresa consigue resultados pero no valores. Pan para hoy y hambre para mañana; hay un profesional que guía a otros pero no les enseña a guiarse ellos mismos.
4 - Nadie nota que tenga autoridad real. Como de todas formas es un jefe, lo único que puede llegar a inspirar es respeto en el mejor de los casos, y temor en el peor. Pero nadie lo ve como una autoridad, como un gurú al que acudir, sino más bien como un enemigo del que escapar. Es el típico jefe del que todos se ríen en la cafetería, a sus espaldas.

Una vez en me preguntaron cómo sería mi jefe ideal. Yo respondí "más parecido a un director de orquesta que a un sargento". Y me propuse intentar siempre ser fiel a esa filosofía.

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