domingo, 29 de marzo de 2009

Tres

Después, dormí brevemente, el sueño del insecto, el sueño indescifrable y superficial de las bestias, un sueño de sudor y desorden.

No hubo un momento concreto en el que despertase. Pero cuando decidí levantarme, aún más cansado y confuso que al tumbarme, los libros aún continuaban ardiendo débilmente.

El fuego agonizaba como un león y como un desierto y parecía encanecer. Su vida era depredar y ahora todas las víctimas habían entregado cuando podían entregar. Ahora la hoguera debía entregarse a su vez a la Hoguera de Hogueras, al fuego que no conoce fin, debía dejarse sumergir lentamente en las arenas movedizas del Tiempo.

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