lunes, 13 de abril de 2009

Cinco

Hacía una semana que se había divorciado. Iba en el autobús, sentado con las manos entrelazadas. A través del cristal vio una pareja que caminaba por la calle; iban cogidos de la mano. En ese preciso instante, de forma parecida a como las personas que han perdido un miembro lo siguen sintiendo, él sintió que su mano izquierda era la de otra persona -la de ella- que cogía su mano derecha. Fue una sensación tan nítida que se asustó, se asustó de estar tan triste.

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