domingo, 12 de abril de 2009

Cuatro

Sentía como perdía la vida a lo largo de la línea que había trazado la trayectoria de la bala. Y tuvo uno de esos singulares momentos de lucidez final:

"Que extraño... no lo entiendo... siento... lo veo claramente... siento que todo ha sido un sueño"

Y se derrumbó. Se confirmó así la sospecha que siempre había tenido en vida: que al morir, tanto creyentes como no creyentes se llevan una gran sorpresa.

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