lunes, 27 de julio de 2009

Lazarillo de Tormes

Sigo la serie de posts dedicados a los grandes textos que he leído a lo largo de mi vida, y lo hago con un fragmento del Lazarillo de Tormes que me marcó desde el día que lo leí con 14 años. Corresponde a las declaraciones que Lázaro hace sobre las acusaciones de moral indecorosa que caen sobre su esposa:

Señor -le dije-, yo determiné de arrimarme a los buenos. Verdad es que algunos de mis amigos me han dicho algo deso, y aun, por más de tres veces me han certificado que, antes que comigo casase, había parido tres veces, hablando con reverencia de Vuestra Merced, porque esta ella delante.


Me parece un fragmento magnético y concentrado como pocos. Merece la pena reflexionar sobre su significado. Sobre como ese que toda la vida había sido un pícaro, un buscavidas, en su madurez dice "arrimarse a los buenos". Y cuando lo dice, en el fondo, realmente no se está redimiendo, no ha mejorado su moral. No se arrima a los buenos-bondadosos. Se arrima a los buenos-los que valen. Deja de tener su propia moral descuidada y diferenciada de la moral dominante, y pasa a entrar en el juego social de aceptar toda la suciedad tal como es, de no escandalizarse ante las faltas que tienen cabida en el colectivo, el tipo de manchas que son necesarias para que todo ruede y por ello apartan todas las miradas. Por usar un símil moderno, es como si pasase de ladronzuelo de carteras a promotor inmobiliario.

Realmente, es un fragmento que me ha acompañado toda la vida, y por suerte o por desgracia presiento que aún me acompañará muchos años. Cuanta más edad tengo, más entiendo aquello de Alberti de "yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos". Ser adulto, al final, es comprender que no hay referencias reales, no es más que saber navegar en el único océano que hay, la incertidumbre, adaptándose a los vientos que soplen. Es aprender sobre la no-idealidad de las cosas, sobre sus límites difuminados. Es, en el fondo, desaprender.

1 comentario:

Gabriela clavo y canela dijo...

Hola Vincent:

Me alegra regresar y pasar y leerte y encontrarte entre letras y pajareos.

Un abrazo.


G.