sábado, 25 de julio de 2009

Música

En Santana, Madeira, durante la feria gastronómica anual, un retrasado rudamente vestido pide limosna entonando desde una esquina canciones populares, básicas, medio inventadas, usando como instrumentos palos, latas y botellas. ¿Podría ser que fueran exactamente así la primeras músicas que habitaron el planeta, y todas las posteriores sólo refinamientos técnicos, sofisticaciones prepotentes de los sentimientos, pero basadas en esos compases primitivos? Quizás ese loco, como muchos locos, tenga algún tipo de conexión con las primeras divinidades que emanaban de la tierra, el aire y los latidos, esas madres discordantes a las que en el fondo siempre se acaba volviendo.

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