jueves, 28 de mayo de 2009

Historia

Durante largos periodos de tiempo miro hacia atrás, me paro a analizar los hechos y pienso que he acertado en casi todo. En cambio, durante otras épocas, no particularmente pesimistas, analizo mi pasado y pienso que me he equivocado en casi todo.

Y creo que esa es una de las razones por las que nunca se podrá hacer una verdadera ciencia de la historia: porque el mismo concepto de qué es historia varía con el tiempo. Y es normal, dado que el objeto de estudio es un trabajo in progress, del que se desconoce el final. Podemos pensar la historia sólo "hasta ahora", y por lo tanto nunca podrá rozar la capacidad de predicción científica.

jueves, 21 de mayo de 2009

Tatuajes

De niño, cada cosa era nueva y daba sentido a un día. Un simple programa de televisión, o un tímido picnic dominical. Los meses eran largos, casi anuales. Las estaciones se vivían como si nunca acabasen. Los recuerdos, las experiencias, se agolpaban, se mezclaban con los olores, y las risas brotaban diariamente.

A medida que creció llegó el momento en que los días se estandarizaron y las horas venían empaquetadas en cajas de ocho. Fue por entonces cuando se hizo el primer tatuaje. Le dolió durante una semana, y tuvo que cuidarlo durante quince días. Cada vez que veía su tatuaje recordaba lo que significaba para él y todos los días de cuidados y molestias habían contribuido a alargar y fijar el recuerdo. Fue un mes intenso, significante, memorable, pausado y cadencioso como los de un niño.

Y volvió a hacerse otro tatuaje, y luego otro. Cada punzada en su piel era como un clavo que atoraba la maquinaria del tiempo y conseguía capturarlo, reducirlo, en la jaula de un pequeño dibujo, de un símbolo permanente. Conseguía volver a la viscosidad envolvente de la vida tal como la recordaba en sus principios.

Para tatuar también su interior, acudió a experiencias extremas, punzantes, que marcasen hitos, y llenasen de vida su tiempo. Se podría decir que la monotonía le horrorizaba no por monótona sino por rápida, por fugaz, por insignificante. Como expresión de vida, odiaba del vacío. Le disgustaba tanto el tiempo vacío como la piel vacía. Un día vacío era un corte sangrante, una pérdida de fluido vital. Una oportunidad, de un número finito de oportunidades, que definitivamente había muerto, y él había muerto un poco también con ella.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Incondicionalidad

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir incondicionalidad? Quizás es un término más adecuado para eso que todo el mundo busca, que todo el mundo necesita. La seguridad absoluta de que, incondicionalmente, vas a encontrar refugio y apoyo en alguien. Incondicionalmente, esa persona siempre va a buscar tu beneficio, y nunca va a desear nada malo para ti.

Puede ser familia, pareja o incluso amigos; pero la incondicionalidad, la persona que te hace sentir como si estuvieras en tu hogar a salvo de todas las inclemencias, con la que podrías pensar en voz alta continuamente porque tienes confianza absoluta, es una pieza clave para equilibrar una vida.

domingo, 17 de mayo de 2009

Comunicación

Una blanca le explicaba al miembro de una tribu africana de donde venía (historia real). Cogía una especie de pelota y le señalaba dos puntos: "esto es el mundo; nosotros venimos de aquí y ahora estamos aquí más o menos". El indígena le respondía: "No puede ser, me estás mintiendo. Vosotros habéis venido en avión, que es muy rápido, y aún así habéis tardado horas en llegar. Si estuvieseis tan cerca como decís, ni siquiera hubiera hecho falta el avión. Además, fíjate: yo puedo poner mi mano entre donde dices que está tu casa y donde dices que está la mía, pero si pongo la mano en el suelo, no llego a tocar donde está tu casa".

A veces me parece que todos tenemos un poco de indígena dentro, que hay un porcentaje de nuestra visión de la realidad que cada uno se monta a su aire, sin que tenga ni la más remota conexión con la visión de los demás. Es como eso que dicen, que nunca podemos estar seguro de a qué color llaman "azul" los demás, como lo ven realmente. Sólo nos hemos puesto de acuerdo entre todos en que el mar y el cielo son azules: podemos llegar únicamente a eso, a pactar las realidades objetivas más comunes y prácticas. De hecho, tardamos entre un tercio y un cuarto de nuestra vida en ponernos totalmente de acuerdo en como funciona el mundo; es eso lo que se llama educación. Es decir, que la comunicación, el entendimiento entre tantos millones de tribus de una persona , es un auténtico milagro, algo realmente difícil.

Hace años, cuando comencé a trabajar en equipo, me dí cuenta de este tipo de cosas. Por un lado, a veces resulta sorprendentemente complicado convencer a otras personas, personas educadas y con carrera universitaria, de realidades que todo el resto de un equipo ve; hay puntos que, basándose en su experiencia personal y muchas veces subjetiva, no piensan aceptar. Por otro lado, me ha tocado comerme muchas directrices que me parecían erráticas e incomprensibles, procedentes de mis jefes. Hasta que llega un momento que te preguntas "¿y cuántas más cosas seré capaz de aceptar en contra de mis principios, de aquello de lo que estoy convencido? ¿cuál es el equilibrio entre adaptación e identidad?".

Y tuve la idea de verlo como un "núcleo duro": todo el mundo tiene un núcleo duro interno que no se puede penetrar (véase Un juego). En condiciones cotidianas (ir a comprar el pan, comprar un coche, mantener una charla intrascendente) sólo se usa la superficie, la interfaz de la persona. Son situaciones de mayor stress las que destapan su núcleo duro.

Seguramente la mejor forma de definir la identidad de una persona sea precisamente ese "núcleo duro", esas bases que no pueden ser quebrantadas sin peligro para la salud mental. El punto a partir del cual ya no se puede negociar ni pactar nada más.

Es decir: según yo lo veo, la auténtica identidad es el cese del diálogo, del pacto. Si hay posibilidad de diálogo -entendido como un diálogo productivo- sobre algo, es porque es una pieza accesible y reemplazable de nuestra personalidad, no una pieza básica.

jueves, 7 de mayo de 2009

Distribuciones

Yo lo veo así: me parece que los actos significativos de una vida forman una distribución, algo así como una gaussiana. Están los dos extremos, los actos más nobles y los más cobardes, que son minorías, y un gran centro de actos entorno a un promedio.

Entonces, ¿podemos juzgar a una persona por un acto único? Según lo dicho, un sólo acto miserable es extremadamente muy poco probable en una persona que tiene su "distribución" alejada de de ese punto de bajeza. Es bastante más probable que tenga el centro de la distribución de sus actos más o menos cercano a la acción miserable. Es decir: todos los actos son sintomáticos, indicativos de la tendencia natural.

Yo, personalmente, creo que sí se puede adivinar lo que hay dentro de alguien por unos actos aislados, por sus pinceladas. De hecho, rara vez llegamos a ver mucho más. Pero prestando atención a los detalles, podemos apreciar esos ligeros ademanes, esas pistas, y extrapolarlas. En los gestos, en las palabras, en la ropa, en la forma de andar, en los gustos, arrastramos deconstruida, proyectada, hecha un ovillo, toda nuestra historia.