sábado, 26 de abril de 2008

Victoria pírrica

Una victoria pírrica es aquella en la que el bando que obtiene la victoria queda igual o más diezmado que el bando derrotado. Es una victoria sin alegría, una victoria desde el punto de vista técnico, pero sin sensación de victoria. El vencedor ha tenido que dejar más que el vencido, de forma que no ha ganado por superioridad sino por mayor necesidad en la contienda. Sólo ha ganado el impulso de ganar, pero no el propio ganador. Y desde luego, inmediatamente tras la batalla, el ganador no entiende el sentido que ha tenido la lucha, y quizás ya hacía tiempo que no lo entendía pero había llegado demasiado lejos como para detenerse. Quizás, con el tiempo, haya un sentido oculto se revele.

jueves, 24 de abril de 2008

No erradicaban a los pobres...

No erradicaban a los pobres; no les interesaba porque sabían que las reglas sociales implicaban necesariamente una determinada función de distribución de la riqueza, universal, y eliminando un segmento sólo conseguirían que, en breve, otros elementos los reemplazasen, como nichos de un ecosistema.

Sucesos

En el cielo, los colores, las texturas, eran exactamente iguales que los intentos que su cerebro, consciente e inconscientemente, hacía por adivinar el futuro. Quizás no el futuro-futuro, pero sí el pequeño devenir más inmediato.

Eran tareas difusas, como manchas, como el baile de trazas voluptuosas de un dragón de tinta trazado sobre el agua.

Los sucesos, finalmente, siempre “cabía esperarlos”, son mecánicos, tienen cabida dentro de cierta realidad, no rompen ninguna concepción lógica.

Aún así, como el calidoscopio de nubes de la tarde, son difícilmente predecibles, siguen el patrón de complejidad que siempre subyace en lo estético.

Aquello que pasa, siempre tiene al menos la dosis de belleza que le corresponde sólo por suceder: de entre todas las posibilidades, el universo entero ha elegido aquello que tiene lugar.

Literatura

El objetivo de la literatura ha de ser generar reacciones tan viscerales como la vida misma, o por lo menos tan viscerales como otras formas de expresión artística generan. Los personajes han de vivir, las líneas de un libro han de ser los códigos que activan en la mente la sensación de realidad, se han de saltar todas las barreras del intelecto e ir directamente al instinto. La literatura ha de estar escrita en el lenguaje fundamental de los seres humanos, en un lenguaje que entiendan tanto el cerebro como el corazón como la vejiga como el hígado. La literatura ha de provocar insomnios, ataques cardíacos, diarreas. Ha de ser un medicamento y un veneno.

Física

Siempre he dicho que para que el mundo vaya medianamente bien deberían contratar físicos incluso para limpiar los lavabos públicos. La carrera de física es como el cerdo: se puede aprovechar todo del ella. Creo que el motivo es que se estudian los problemas desde el punto de vista más fundamental posible, y en la vida cotidiana los problemas que podemos ir encontrando quizás no son los que se estudian en física estadística, pero sí heredan directamente de ellos. Si estudias económicas sólo estudiarás el aspecto socioeconómico de los problemas, si estudias psicología sólo estudiarás el aspecto humano de los problemas, y así con todo el resto de carreras. Si estudias física estudias los problemas en sí mismos; si un problema es real, es decir, está dentro de la realidad física, es seguro que se le pueden aplicar las reglas, o al menos la forma de pensar, que se enseña en esta carrera.

Un tema aparte es la satisfacción personal que implica conocer las bases de todo aquello que es real, el nacimiento de los fenómenos. Este conocimiento te aporta tranquilidad en la vida, te quita miedos. Te hace ver lo que en realidad son las cosas, desde un punto de vista general, globalizado. Es decir, te proporciona perspectiva. Física viene a ser algo así como “filosofía útil”, o lo que es lo mismo “filosofía bien hecha”.

jueves, 17 de abril de 2008

Cansancio

Creía que iba a morir aplastado por el peso de su memoria, el recuerdo del cansancio hacía permanecer, constantemente presente, al cansancio mismo, a todos los cansancios acumulados durante una vida. Como el agua que va formando una estalactita, el cansancio va deformando la personalidad, va depositando un elemento sólido, una piedra de riñón, un callo, algo que no se evapora con el simple descanso, que se incrusta. Hay una parte de cansancio, en suma, que forma parte de uno, que no se va. Es la parte que queda para siempre en la memoria, y su acumulación es la causa de la vejez.

Un atraco

El momento justo antes de atracar un banco es un poco como todos los momentos en la vida que implican una bifurcación, un paso irreversible. Es decir, como todos los momentos. La decisión final de hacerlo se hace en la propia puerta del banco; tomar esa decisión es un poco como todas las decisiones que se toman en la vida, como decidir qué marca de leche vas a comprar o como perder la virginidad o saber que algo te gusta, pero claro, una situación tan crítica es algo así como el as de las decisiones. Sin embargo, siempre queda una ligera sensación de que todas las decisiones tienen un poco de criticidad, un sabor de atraco, y, horriblemente, entiendes un poco a los enfermos mentales en sus laberintos de pensamientos, te preguntas si no fueron eclipsados por momentos críticos, por la visión de lo que es realmente dar un paso en la vida.

¿Por qué lo hice? Por dinero, claro. La respuesta es obvia pero incompleta; ¿por qué no todo el mundo atraca un banco? ¿En qué momento visualicé la posibilidad, acaricié el plan? Yo no lo sé, y además nadie lo sabe. Hay “algo” ahí debajo que trabaja sólo, y luego sube a la superficie a decirte que has de hacer. A veces "eso" trabaja un tiempo, y luego sube a decirte al oído "estoy enamorado". No sabes cuando pasó, pero ahora ya está ahí. Pues lo mío con el dinero es igual. Había momentos de desesperación económica. Había momentos en los que odiaba a los que lo tenían todo y no lo merecían ni lo aprovechaban. Había momentos en los que me consideraba mucho más inteligente que la media, en los que confiaba en mis capacidades para hackear una sociedad podrida de injusticias que se mantiene a flote con débiles excusas morales inventadas por los de arriba ("pobre pero honrado"...esas chorradas). Y finalmente hubo algún momento en el que miré hacia el banco. No soy un supervillano, ni un héroe. Sólo un nudo entre causas y consecuencias, como todos.

Nunca podré olvidar la entrada en el banco. Media hora antes de hacerlo, cada minuto cambiaba mi intención, si hacerlo o no. Diez minutos antes, cambiaba cada medio minuto. Un minuto antes, ya cerca del banco, cada diez segundos oscilaba entre opciones opuestas, entrando en una nube de pensamientos caóticos. Una vez dentro, con el frío de la pistola en mi mano, dentro del bolsillo de mi chaqueta, aún podría haberme detenido. Pero "eso" trabajaba desde abajo, y me susurraba "es lo que has de hacer, es como un trabajo más, con sus riesgos". Una vez das el primer grito, todo está sentenciado, y sólo hay una dirección.

...Un ser que desconozco, que decide y actúa, ese soy yo. Yo soy sólo la cáscara de mis acciones, las veo como desde un monitor, no sé de donde brotan, y las recuerdo como un sueño.

miércoles, 16 de abril de 2008

Problemas

Hace un par de años me di cuenta de que era incapaz de resolver un sudoku. Me extrañó, al fin y al cabo es un pasatiempo muy popular, debería ser capaz de resolver al menos uno fácil... No le di más importancia; hace unas semanas unos amigos me propusieron un juego/adivinanza rollo juego de campamento, y pasé de intentar resolverlo. Así, sin inmutarme. Recientemente me he aficionado a jugar a ajedrez contra mi palm. Me gana siempre, y en muy pocos movimientos. Me doy cuenta de que apenas pienso las jugadas. Y eso que de pequeño siempre ganaba al ordenador! Todo ello me ha hecho reflexionar, y ésta es la conclusión: me tiro ocho horas al día resolviendo problemas. Grandes problemas, que se han de resolver en un tiempo determinado, a veces con poquísimas pistas, lo que me ha hecho desarrollar un importante abanico de técnicas detectivescas. Cuando salgo del trabajo, tengo un interés nulo en resolver ningún problema de lógica, y muchísimo menos aquellos cuya solución sé que ya está fijada en algún sitio; en el Google o en un programa que resuelva sudokus... Esos problemas no son problemas reales, son sólo juegos. Es decir, creo que he perdido la afición infantil por los retos intelectuales, y es precisamente porque me dedico a ellos.

miércoles, 9 de abril de 2008

Síntomas

Se puede ver en la serie House: ante unos determinados síntomas, el neurólogo busca el origen en el cerebro, el oncólogo busca algún cáncer y el inmunólogo cree que es algo del sistema inmune. Y todos tienen su parte de razón; al final del capítulo veremos que el problema del paciente era sólo una de esas cosas, pero todos deben empezar a hacer las pruebas que sepan hacer. Y en informática se repite el mismo comportamiento; ante un problema, el especialista en base de datos dirá que es algo de base de datos, el programador dirá que es algo del código...etc. A lo que voy es: ante una realidad tan ambigua, ¿cómo no tener una visión sesgada por la experiencia personal? Es inevitable; nadie puede acceder a todos los puntos de vista (en un tiempo finito). Lo importante es mantener el equipo, la colectividad de visiones paralelas; de entre todas ellas alguna será la clave.