viernes, 27 de junio de 2008

El río

Tiernas avalanchas de sangre que, pacíficamente, acuden a templar cada rincón del cuerpo.

Polígonos. Polígonos musicales y atmosféricos. Polígonos que sólo existen en tu mente al leer. Polígonos planos y semitransparentes. Polígonos como estados de ánimo, como recuerdos que se yuxtaponen y se sobreponen y se componen y descomponen.

Aguas negras y claras de río. Preguntas. Río físico y sed que lo mira. Aguas enigmáticas y de porcelana, mínimas suciedades que varían sobre corrientes tímidas y anodinas. Fondo invisible, pasado sangriento, sonrisa inocente. Flor marchita. Joven vida adolescente la siega. Peces, seres extraños, entendimiento natural y ambiguo, visceral, respuesta muda. Burbujas. Plantas, vegetación evanescente, culpable.

Polígonos que adelantan y sobrepasan sin nunca chocar. Polígonos mentales que manejas y controlas sin poder ni querer evitarlo. Polígonos domados, nunca serán fuera de tu deseo. No piensan pero entienden, entienden que no pueden acceder a la realidad porque son parte de la realidad; no buscan la verdad porque son la verdad y llanos transcurren hojas sobre el río.

Ondas físicas y deslizamiento trivial de una vida, la nuestra, sobre las palabras y ese ruido que dicen que se oye. Fuera.

sábado, 21 de junio de 2008

Nucleosíntesis

Apartada de la popularidad adquirida por otras teorías científicas más destacadas, yace la teoría de la nucleosíntesis estelar. Viene a explicar cómo se formaron los átomos más pesados del universo así como las cantidades porcentuales observadas de cada uno. Entre estos elementos pesados están el carbono, el hierro, el calcio etc. Cada elemento tiene su propio proceso de formación, pero la mayoría tienen en común que necesariamente fueron generados en el interior de estrellas, y posteriormente dispersados en el espacio mediante supernovas, procesos de explosión estelar de magnitudes difícilmente imaginables.

Y esa es la historia de nuestros átomos, ese el el viaje que han realizado durante millones de años hasta formar nuestra piel, nuestro ADN, nuestra saliva, nuestros ojos. Hasta formar el mar, la Tierra y prácticamente todo lo que vemos; somos literalmente polvo de estrellas.

No sé porqué esta es una de mis teorías favoritas. Hay quien se siente orgulloso de ciertos antepasados nobles, y escribe su nombre con muchos apellidos. La nucleosíntesis es algo así, pero a lo bestia. Viajes infinitos, energías descomunales y probabilidades ínfimas se han conjurado para formar la vida. Eso, de por sí, ennoblece y eleva todo cuanto hay, y nos convierte en seres afortunados. De alguna forma me hace pensar que todo está íntima y secretamente ordenado.

viernes, 20 de junio de 2008

Entropía

Dentro, en las casas, pasaban muchas, muchísimas cosas a diario, demasiadas para ser controladas. Así es que había ropa tirada en los comedores, en las cocinas, en los estudios... y también comida o restos de comida tanto en los comedores como en las cocinas como en los estudios. Todo era inmediato, y todo acababa mezclado.

Fuera, en la ciudades, con el paso veloz de los siglos, las ideas y las personas, también se habían ido mezclando las cosas, de forma que el veneno se había mezclado en la comida, la enfermedad en la salud y la salud en la enfermedad, el sueño con la vigilia, el deber con el placer; y todas las ideas eran un poco todas las demás. Todo se volvió complicado, y las definiciones se hicieron difusas.

miércoles, 18 de junio de 2008

Fauna local

Es lo que me da rabia de los países pequeños, ese nacionalismo enano burgués, esas criaturas culturales sobreprotegidas que crecen al calor de la faldita de mamá patria. Música, literatura, teatro, cine, e incluso ciencia que jamás alcanzarían un nivel internacional son venerados de frontera hacia dentro. Seguro que en otros países pequeños les pasa lo mismo: en Luxemburgo, San Marino, Andorra... se han de comer una cantidad de mierda brutal. Estadísticamente es muy poco probable que entre tan poca gente surjan obras geniales, punteras. Pero ahí están los premios nacionales de literatura, el concurso nacional de maquetas, las becas nacionales de ciencia y las televisiones nacionales para fomentar lo propio y mantener a flote la imagen cultural original de la nación. Pero digo yo que una cosa es preservar la diversidad biológica y otra montar una granja de cucarachas.

jueves, 12 de junio de 2008

Fotografías

Puede que porque la mayoría de mi vida ha transcurrido en una relativa ausencia de fotografías y material gráfico en general, desprecio el valor de una fotografía, que para mí en ningún momento ha dejado de ser una curiosidad, o un artefacto de la vanidad; algo así como un espejo para periquitos o una pieza de bisutería. Es eternidad falsa, es un pseudorecuerdo de cajón que en ocasiones nos ahorra el esfuerzo de recordar realmente.

Tengo una imagen perfectamente definida, y la contemplo con cierta frecuencia. Es la escena de una joven madre que baña el domingo por la mañana a su hijo, muy pequeño; al acabar lo envuelve en una toalla amarilla y riendo lo carga al hombro como si se tratase de un saquito. Así avanza por el pasillo, hacia la luz que entra del exterior, y va gritando "¿quién quiere esta sardina?¿quién quiere esta sardina?!". Hasta llegar al dormitorio de los padres, donde le pasa el secador y lo deja charlando en la cama con el padre.

Esta imagen no sería lo mismo en una fotografía. Una fotografía es inmutable, te recuerda cada detalle que realmente fue. No evoluciona, y por eso siempre provoca una sensación de extrañeza, de desfase, cuando se mira al cabo de unos años: esa escena ya no es tan real, tan nuestra. En cambio un recuerdo se mezcla con todo lo que eres, se fusiona contigo. Te modifica, y tú a él. Quizás la toalla no era amarilla, y quizás no había tanta luz todos los días. Quizás el padre a veces hablaba más y otras veces menos. Pero la escena ha quedado así en mi interior, matizada, en continua redefinición. Cambia cuando yo cambio, se retoca mucho más sutilmente que con cualquier programa de edición de fotografías, permitiéndole mantener la esencia, aquello que realmente nos importaba captar.

miércoles, 11 de junio de 2008

La disrupción

El inspector cruzó el perímetro policial.
- ¿Se ha encontrado algo?
- Sólo sabemos que el niño jugaba en los alrededores del pozo, y al rato había desaparecido.
- ...
- Pero no podemos ver nada de lo que hay en el pozo.
- ¿Cómo?
- En el fondo de ese pozo hay algo extraño...por decirlo de alguna manera, aunque en este caso no hay una manera correcta de decirlo.
- ¿Qué?
- No sabemos qué es, sólo que nadie se puede acercar. Ahí puede estar la demostración matemática de que si las matemáticas son ciertas entonces son falsas, o puede tratarse del origen de la locura, o quizás sea el motivo de que exista el terror, el límite del lenguaje, o eso que llaman dios... En cualquier caso, cada paso que demos en dirección al pozo abandonamos un poco esta realidad. Incluso a esta distancia, uno comienza a notar como si sus frases no le pertenecieran, como si fueran narradas por alguien y reproducidas en la mente de un lector.

viernes, 6 de junio de 2008

La flecha del tiempo

De las catedrales góticas a las modernas construcciones de cristal, del feudalismo a la democracia, de la numeración romana a la arábica y de los gramófonos a los iPods. La famosa fecha del tiempo de la termodinámica ya nos indica que el futuro siempre es más simple que el pasado; es cuestión de pura entropía. Cada vez tenemos un pensamiento más magro, más depurado, menos barroco. Es la dirección natural, y cualquier otra dirección no es más que una fluctuación pasajera. Comprendiendo esto, ¿por qué no pensar, ya hoy, qué parecerá ridículo o recargado mañana? ¿Qué prejuicios, qué costumbres, que procedimientos resultarán incomprensibles dentro de 20, 30 años? ¿Y dentro de un siglo? Responder estas preguntas sin tapujos nos permite adivinar la dirección natural a seguir, aquella que progresivamente adapte la cultura al ser humano y no a la inversa.

martes, 3 de junio de 2008

Silencio

El murmullo de la ciudad es un silencio. Es un gran ruido blanco, carente de significado: básicamente como un silencio al que se le ha aumentado el volumen. Un silencio que es la suma de miles de silencios.

lunes, 2 de junio de 2008

La confesión del veterano

Roisin, es difícil describir lo que me pasa. No entiendes por qué tengo estas rachas de tristeza tan profunda, y yo no lo sé explicar porque las tengo incrustadas entiendes? Lo mismo que la metralla de la pierna. Primero era un objeto extraño, una agresión. Desde el momento en el que los médicos dijeron que era mucho más arriesgado extraerla que dejarla, se convirtió en parte de mi cuerpo, tan imprescindible y propio como un dedo de una mano.

Me gustaría vivir sin memoria, Roisin, pero cada cana y cada cicatriz me recuerdan todo lo que he vivido. Todos mis recuerdos están ahí, como el Aleph de Borges, recuerdas? Están todos agolpados en el mismo sitio y al mismo tiempo. Todos los caídos, las vidas desperdiciadas, la esencia animal del hombre al desnudo, de los gobiernos en carne viva, las vísceras cruentas de la humanidad entera; toda la crueldad de lo que es capaz alguien que había sido panadero o sastre. Todo ello está en mi mirada como unos anteojos; está en todo lo que veo. Son cosas que se ocultan por un motivo, se esconden porque nadie debería tener que saberlas, son una brasa candente en tu cabeza.

Me dijeron que olvidara, pero nadie puede digerirlo todo. El corazón es como una arcilla endureciéndose, cuanta más forma toma, cuantas más opciones ama, menos flexible puede ser, ha de tomar una dirección. Las huellas de esos caminos que tomas acaban siendo tus cadenas, y las necesitas para ser tú mismo. Así es, Roisin: mi tristeza soy yo.

El monolito

El contenido de este post es la verdad última.

Como no puede conocerse ni explicarse, este texto es la mejor aproximación posible. También lo hubiera sido cualquier otro texto, incluso uno aleatorio.

domingo, 1 de junio de 2008

La zanja

La veo desde el autobús, rompiendo impunemente el continuo espacio-tiempo de la ciudad, como una brecha en la lógica, en la civilización, en la historia: es la zanja. Nadie sabe de donde viene ni a donde va. Los obreros la alimentan, le rinden culto con sus palas por un sueldo, crean un templo de vallas y luces a su alrededor. Sus jefes les pagan porque firmaron un contrato millonario. La empresa contratante se debe a los accionistas. Los accionistas se guían por su propio miedo. Y dentro de todas las mentes de todos estos actores, no se sabe en qué momento, en qué segundo exacto apareció la zanja. Solamente que un día un pico comenzó a levantar adoquines, y debajo esperaba, dormida en el subconsciente colectivo, esperando para despertarnos de nuestro sueño de continuidad con su aspecto primitivo y tribal, con su pureza existencial, la indescifrable, la terrorífica zanja.